Rescate del Periodismo Nacionalista Argentino

Jorge C. Bohdziewicz

 

Esta breve exposición pretende reconstruir el itinerario de una experiencia práctica vinculada al rescate del patrimonio hemerográfico del pensamiento político nacionalista. La idea nació en un momento determinado, muy singular en la vida de la institución que prohijó el proyecto, que fue el Instituto Bibliográfico “Antonio Zinny”, bajo nuestra circunstancial dirección, y como consecuencia de algunas experiencias y comprobaciones que obraron como impulso.

Corría el año 1983 cuando se produjo, como todos sabemos, el retorno del régimen y la asunción a la primera magistratura del doctor Raúl Alfonsín. Como suele ocurrir ─y en esto el gobierno radical no fue una excepción─ la educación, la ciencia y la cultura pasó a ser controlada por los sectores de izquierda y aún de extrema izquierda, entre quienes se encontraban no pocos miembros de los diversos grupos subversivos que habían asolado el país años atrás con sus crímenes y atentados terroristas, llevándolo a un estado de descontrol e ingobernabilidad que dio el mejor y más legítimo de los pretextos para el golpe de Estado de 1976.

No es del caso referir pormenorizadamente aquí los embates contra las estructuras sobrevivientes del estilo de vida de los argentinos, en especial contra su configuración moral tradicional, que derivaron del control de esa área de gobierno tan vital para nuestro desarrollo material y espiritual. Embates que, acaso de modo inesperado para muchos, se ha acentuado y profundizado durante el gobierno de Carlos Menem, lo que sin embargo no podía ser de otro modo pues, más allá de las diferencias circunstanciales de pertenecer a uno u otro partido, la misma ideología progresista, embebida de los postulados del neomarxismo gramsciano, y los mismos hombres, nombre más nombre menos, siguen a su frente.

Pues bien, a partir de fines de ese año de 1983 se desató una furia iconoclasta y revanchista que, so capa de una colaboración inexistente con el gobierno militar, se encaminó a la denuncia y persecución selectiva de instituciones y hombres encuadrados en el pensamiento nacional y con orientación religiosa católica. Este proceso adquirió características agudas en los organismos estatales de ciencia y tecnología y, entre ellos, muy especialmente, en el Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET). Viejas y nuevas figuras del marxismo vernáculo y personajes ligados a movimientos subversivos, sin ninguna o escasa vinculación con la ciencia, se dedicaron a desmantelar prolijamente a los grupos de inves-tigación institucionalizados bajo la denominación de Centros, Institutos y Programas por medio del bloqueo de subsidios, rechazo de informes científicos, eliminación de becarios, cesantías y censuras y persecuciones diversas. No pocos investigadores fueron sumariados y aún denunciados ante la justicia por delitos inexistentes. Los funcionarios del estado de derecho restaurado no vacilaron en actuar paradójicamente contra derecho cuando se trataba de llevar adelante sus planes y desfogar viejos resentimientos.

Permítaseme señalar aquí, porque lo estimamos pertinente, que entre los grupos de investigación elegidos como blancos directos de la “democracia” restaurada estaba el Instituto Bibliográfico «Antonio Zinny», que había fundado el P. Guillermo Furlong y dirigido don Julio Irazusta hasta su fallecimiento en 1982. Acabo de mencionar dos nombres egregios que evocan nuestra fe católica, por un lado, y por el otro una irrenunciable militancia ─usamos la palabra por comodidad, pues no hallamos otra mejor─ en defensa de los intereses nacionales desde el cultivo científicamente severo de la disciplina histórica y el consecuente compromiso político. ¿Cómo podría sobrevivir una entidad semejante en el marco de una social-democracia internacionalista y agnóstica? Pasó entonces lo que tenía que pasar. El Instituto dejó de recibir los modestos aportes del CONICET que le venían permitiendo desarrollar sus actividades con cierta eficacia, los becarios dejaron de serlo, los profesionales y técnicos fueron reubicados en otros Institutos y los investigadores de carrera colocados al borde de la cesantía. Hacía 1985 la Asociación era sólo una sombra que se sostenía malamente con las contribuciones pequeñas y desinteresadas de algunos colegas y amigos. Lo único que se mantenía era la voluntad de no arriar banderas aunque fuesen estrechas las posibilidades de emprender trabajos orgánicos y de largo aliento.

¿Cuáles fueron aquellas experiencias y comprobaciones que, en medio de este paisaje desolador, dieron sustento al proyecto de formar una hemeroteca que recogiera las expresiones del pensamiento y la acción del nacionalismo argentino? ¿Estábamos, a pesar de todo, en condiciones de llevarlo a cabo? Años atrás, en el seno del Instituto Bibliográfico “Antonio Zinny” se había desarrollado con éxito un rescate bibliográfico ceñido al período 1830-1852, es decir, a lo que se ha dado denominar la “época de Rosas”. Las valiosas experiencias acumuladas durante la ejecución de este emprendimiento, que hablaban de su facilidad serían definitorias a la hora de tomar la decisión ─nada dramática, por cierto─ de comenzar la obra.

Vale la pena referirlas. A lo largo de muchos años dedicados a la investigación histórica, la frecuentación de archivos y bibliotecas nos había llevado a una doble y dolorosa comprobación. Por un lado, la progresiva disminución de libros, periódicos, folletos y hojas sueltas que vieron luz por las prensas rioplatenses durante la mitad del siglo pasado ─muchos de ellos ejemplares únicos y, por lo tanto, de un valor que no puede medirse en términos monetarios─ como consecuencia del mero transcurrir del tiempo pero más por obra de la incuria o la sustracción dolosa. Por el otro, la dispersión de las piezas y la carencia poco menos que absoluta de auxiliares heurísticos que dieran cuenta de su existencia y ubicación. De cara a este panorama, nos preguntamos una y otra vez si era posible resolver de algún modo ambos problemas, esto es, el rescate y la catalogación metódica. La respuesta fue afirmativa y de inmediato se encaró un relevamiento de cobertura nacional, realizándose a lo largo de varios años, en cuyo transcurso pudieron ser localizadas, fotocopiadas y minuciosamente registradas, según técnicas bibliográficas precisas, más de dos mil piezas de singular valor para el estudio del pasado argentino en sus diversas vertientes temáticas. Queremos destacar que el simple expediente de fotocopiar las piezas, a la vez de permitir su cómoda consulta, tenía por objetivo preservar su contenido informativo ante la eventual desaparición de los originales de los archivos y bibliotecas en los que se hallaban depositados.

Ponemos, por ejemplo, un caso acontecido a mediados del año 1998 cuando, a raíz de una reproducción algo defectuosa de una serie de impresos sanjuaninos correspondientes a 1831, realizada hacía varios años atrás, volvimos a la Biblioteca del Museo Mitre, donde se hallaban guardados, con la intención de volver a reproducirlos. Comprobamos allí mismo que ya habían sido arrancados de su encuadernación. Esas fotocopias defectuosas que conservamos han salvado el contenido testimonial de sus originales, acaso perdidos para siempre, y se hallan depositadas hoy en el archivo de nuestro Instituto a disposición de los investigadores.

No deseamos extendernos más en la descripción de los interesantes accidentes que jalonaron el desenvolvimiento de este proyecto que hemos denominado Historia y Bibliografía Crítica de las Imprentas Rioplatenses (1830-1852), en el que aún seguimos trabajando. Sólo diremos que, al cabo de poco más de una década de esfuerzos, discontinuos por fuerza mayor, el repositorio de nuestro Instituto se ha convetido en un lugar de consulta obligado para los estudiosos del tema por atesorar las colecciones de impresos ─siempre en fotocopias─ más ricas del país.

Ahora bien, cuando a partir de 1983 se produjo la diáspora obligada de los investigadores, becarios y técnicos de nuestra Asociación y la supresión de las fuentes de financiamiento que venía proveyendo regularmente el CONICET, todos los proyectos ─el que acabo de describir y otros igualmente ambiciosos─ quedaron cancelados. Mientras esto sucedía, observábamos azorados el ataque concertado y múltiple contra las instituciones fundacionales de la Patria como la Iglesia y las Fuerzas Armadas, unido a una curiosa insistencia en encarar estudios sobre el nacionalismo argentino con la clara intención de presentarlo asociado al militarismo, al nazi-fascismo, al atraso y a la violencia irracional. Tampoco fue casual el interés volcado hacia el “estudio” -usamos el término entrecomillado- del revisionismo histórico en tanto expresión de ese nacionalismo que se había convertido, a lo que parecía, en el enemigo número uno de la “democracia” restaurada. El abordaje de ambos temas ─nacionalismo y revisionismo─ no tenía las características de una empresa intelectual destinada a comprender y explicar el fenómeno según las reglas elementales de la reconstrucción objetiva de la historia. Su tratamiento aparecía cargado de ideologismo e intencionalidad política. Aunque vivíamos una época en que reverdecían los nacionalismos de Europa y Eurasia, la intención de los profetas de la globalización, que no deja de ser en último análisis una transmutación capitalista del internacionalismo marxista, hecho que pone en evidencia la curiosa coincidencia de los opuestos, era presentarlo como una “patología” generadora de todos los males; un factor anacrónico de retraso en que se oponía a la marcha de la civilización hasta el “fin de la historia” en la utopía de Fukuyama. En esto comulgaban investigadores extranjeros y módicos intelectuales de izquierda nativos. En ambos, una orfandad total de ideas y de probidad, y un nulo interés por alcanzar la verdad a través de un estudio de desapasionado de las fuentes.

Fue en medio de aquellas circunstancias críticas por las que venía transcurriendo la vida del Instituto a que hemos hecho referencia, sumadas al estímulo y la desazón que nos provocaba advertir que el nacionalismo argentino pasaba acaso por el peor momento de su rica e interesante trayectoria ─y sobre esta opinión admito un disentimiento pleno─ que concebimos la tarea elemental y básica de salvaguardar su producción periodística, esto es, parte de su memoria. Ya prácticamente no disponíamos de medios, aunque la empresa, en rigor de verdad, no los requiriera en demasía. Se necesitaba voluntad y perseverancia. Esto creemos que sobraba. El punto de partida estaba al alcance de la mano: disponíamos de una colección completa de La Nueva República, considerada por muchos como la hoja fundacional del nacionalismo. Buen comienzo, sin lugar a dudas.

Adueñados de la idea de conformar una Hemeroteca, se trataba al principio de reunir la mayor cantidad de materiales en el menor tiempo posible, sin perjuicio de que, echadas sus bases, se siguiera enriqueciéndola con sucesivos aportes a lo largo de los años, como sucedió efectivamente. Se comprenderán los motivos de la premuro. Existía y existe una carrera contra el tiempo, que es el peor enemigo. No son muchas las personas que reúnen y conservan material periodístico. Antes bien, todo lo contrario. Los entendidos sostienen que es literatura para ser “consumida” y desechada. La periodicidad, que es propia de su naturaleza, y su mismo frágil soporte, que lo aleja del libro, atenta contra su conservación y favorece la discontinuidad de las colecciones. Hallar una completa fue todo un acontecimiento por que lo que sobrevive, sabido es, son restos de un naufragio. Reunir sus partes es una tarea ímproba, no imposible, y casi siempre sujeta al azar y a la voluntad de terceros.

El punto de partida fue la publicación de un aviso en la revista Cabildo, allá por año 1987, con la invitación, no siempre comprendida, para que se donaran, si no colecciones completas que, como señalamos, son rarísimas, al menos números sueltos. Quien más quien menos, todos disponemos en nuestra casa de algunos ejemplares que, en la totalidad de nuestra biblioteca o en el amasijo de papeles nos resistimos a destruir en vida y que suelen también tener un fatal destino, carecen de significación. Pero reunidos para completar series y colecciones la cobran plenamente. Más aún si se depositan en una institución que aspira a prolongarse más allá de las personas que la integran hoy.

De modo lento en los tramos iniciales, pero con mayor celeridad a poco que pudieron los potenciales donantes observar los frutos del esfuerzo, el cuidado y la responsabilidad con que eran tratados los ejemplares y la generosidad con que se ofreció su consulta, se fueron llenando los anaqueles que habíamos habilitado especialmente para recibirlos.

A estas alturas, alguien acaso se habrá preguntado acerca de los alcances del término “nacionalismo” aplicado a las publicaciones periódicas. Dicho de otro modo: a partir de qué definición de nacionalismo se decide que unas le pertenecen y otras no. La respuesta podrá sorprenderlos, pero la pregunta nunca nos la hemos formulado. Si hubiésemos perdido tiempo especulando al respecto o hubiéramos proyectado nuestras opciones y preferencias personales, es probable que muy pocos títulos hubieran integrado el catálogo. En este sentido hemos querido concebir la Hemeroteca con amplitud. El punto de vista podrá ser discutible pero ha sido sin duda efectivo y lícito. Tiempo habrá para afinar la puntería y desechar lo que ocupa un lugar sin merecimientos.

Así, hemos procurado abarcar un amplio espectro que va desde algunas expresiones filo-nazis, que las hay, hasta la denominada “izquierda nacional”, pasando por el peronismo en su versión “ortodoxa”, que es el que recoge algunos temas y algunas figuras del nacionalismo. Imposible enumerar en el estrecho espacio de que disponemos la totalidad de las colecciones completas o en vías de completarse, pero es inevitable hacer referencia a algunas de ellas para que pueda medirse el camino recorrido y los resultados alcanzados.

Entre las primeras, por orden alfabético, consignamos: Ahijuna, Azul y Blanco (en sus diversas épocas), Balcón, Bastión, Cabildo, Combate, De Este Tiempo, Dinámica Social, El Fortín, Espuela, Identidad Nacional, Independencia, Jauja, Junta Grande, La Mano Derecha, La Voz del Plata, La Voz Republicana, Leña, Marcha el Pensamiento Nacional, Nuestro Tiempo, Nuevo Orden, Patria Libre, Presencia, Proyecto de la Nueva República, Punzó, Quincena, Recova, Restauración, Retorno, Segunda República, Tiempo Político, Ulises, Unión Republicana, Vísperas.

Entre las segundas, es decir, las que esperan ser completadas, podemos destacar Acción Argentina, Alianza, Arco, Baluarte, Bandera Argentina, Barbarie, Causa Nacional, Clarinada Argentina, Consigna, Cresta Federal, Crisol, Cura Brochero, De Pie, Dos Espadas, El Ataque, El Cruzado Argentino, El Nacionalista, El Pampero, El Restaurador, Espuela, Estirpe, Falange, Firmeza, Fuerza Nacional, Huella, Inédito, Juan Manuel, La Hostería Volante, La Tradición, Legión, Malón, Mazorca, Militancia de la Contrarrevolución, Nueva Política, Ofensiva, Patria, Patria Bárbara, Patria Grande, Plumadas Nacionalistas, Política, Poncho Patrio, Proclama, Pugna, Rebelión, Religión o Muerte, Revisión, Trinchera, Victoria, Voz Nacionalista.

Acaso llame la atención saber que la nómina precedente representa apenas un 10 por ciento de la totalidad de los títulos que hemos podido reunir al cabo casi una década de trabajo. El número habla de la fecundidad del nacionalismo en esta materia, aunque la mayoría de las hojas hayan tenido una vida efímera. La calidad es, ciertamente, muy despareja, pero los matices son numerosos y atractivos. Todas, aparecen unidas por un idéntico fervor patriótico, más allá del acierto o desacierto de sus opciones prácticas y propuestas y la mayor o menor solidez intelectual o estética que exhiben sus plumas. Junto a páginas que podrían juzgarse intrascendentes, por aludir a contingencias de igual índole, hay otras que merecerían figurar en las mejores antologías del género político por su agudeza, ingenio, profundidad de pensamiento y/o belleza de sus formas. Decimos esto y nos en el P. Castellani, el P. Menvielle, Ernesto Palacio, Julio y Rodolfo Irazusta, Ricardo Curutchet, Bruno Jacovella, por citar algunos de los que ya no están entre nosotros. Y no queremos seguir adelante para no cometer injusticias y no delatar nuestras preferencias.

Quisiéramos que no se nos juzgue como vanidosos si decimos que hemos asumido una tarea vacante, impostergable, cual es la de rescatar y salvaguardar parte patrimonio intelectual del nacionalismo argentino. No aquél que se ha traducido en libros sino aquel otro que refleja su inquebrantable lucha cotidiana para encontrarnos con nuestras raíces, aventar los errores del modernismo y cumplir nuestro destino de Nación soberana. Finalmente, no podríamos concluir estas palabras sin hacer una apelación a la inteligencia y a la generosidad de quienes lean o hayan escuchado estas palabras para que colaboren en la tarea de seguir enriqueciendo este reservorio abierto que hemos dado en denominar Hemeroteca del Pensamiento y Acción Política Nacionalista.

 

Anuncio publicitario